Arte visual. Anaís Non.

Bitácoras mentales.

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Con el “fracaso a la adultez” me refiero a un proyecto de vida que intenta casi sin querer pero con mucho empeño no conformarse con la vida de protocolo, la de molde, la de libro de biología (naces, creces, te reproduces y mueres), o el american dream (a la mexicana). En ella se exploran miedos, angustias, inconformidades y pasiones que responden a esa necesidad de buscar un camino que se basa en el deseo de libertad emocional, sensible, psicológica y física que no termina de saciarse. En esa búsqueda, se abordan temas como la exploración sexual, el amor, el desamor, el trabajo, los vicios y lo femenino.  

 

Esta bitácora tiene 100 páginas y podría decirse que cada página es un tema, cada página manifiesta algún interés particular que respondía al momento en que la hice, algunos de ellos son exploraciones sobre aspectos formales como composición, color o materiales, otras páginas buscaban explotar las posibilidades de lectura que ofrece el soporte, en estas ocasiones se ven páginas que forman ventanas para ver las páginas siguientes, extensiones de papel para hacer algunas páginas mucho más grandes, recortes, hoyos y parches. Pero la mayoría de páginas refieren a hechos e inquietudes cotidianas vistas como un ritual, como un momento mágico de poder ser, de manifestarse, de ESTAR.


 

Larga vida al mal gusto, a las papelerías escolares y las pacas.

 

Anaís Non

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Opinión del Editor: Las bitácoras mentales.

 

Las bitácoras nacen de la preocupación que tiene el artista consigo mismo. Es un ejercicio que ha sido ejercido desde Da Vinci pasando por Newton hasta los albores de la modernidad con Gauguin, en la historia se le ha privilegiado el uso de la bitácora a científicos y artistas, sin embargo,  es en sí misma una práctica humana porque da fe del potencial del individuo en su búsqueda del conocimiento a través de la intuición e imaginación que se gesta desde la infancia con preocupaciones en relación a su cuerpo, a su sexualidad, experiencias emocionales y artísticas.

 

¿En qué momento la bitácora se vuelve una palabra cargada de tedio y parálisis mental? A pesar del intento de las escuelas de darle mayores herramientas lúdicas a los niños para darle rienda suelta a su imaginación, lejos de alimentarla, se le pide al niño seguir protocolos, estandarizaciones e instrucciones que saturan la creatividad del niño. Es la paradoja de la educación: “te damos las herramientas educativas, siempre y cuando no las rompas”. Yendo más allá, en este “mundo de libertades”, los educadores les dan un exceso de herramientas educativas al niño para que se vea imposibilitado en derribarlas: juegos, dinámicas en grupo, danza, yoga, inglés, francés, chino, después los padres se encargan de llenarle a la mente  de su hijo con clases de fútbol, natación seguido de una hora con el iPad o Netflix y a dormir ¿dónde queda la producción imaginaria del niño surgida en su interior?

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Más adelante, el adulto transitará en la vida con un cúmulo de herramientas tecnológicas y de información donde la creatividad ya está prefabricada, la información ya está dada por alguien que la manoseó, y cuando la bitácoras lejos de volverse textos que inviten al diálogo, se tornan manuales, leyes, dogmas, utopías. Hay pocas posibilidades de jugar a romper las reglas, no solo por una acción impulsiva: tirar las reglas para seguir pensando, para producir alternativas y teorías que enriquezcan la vida misma.  

 

Sólo hace falta (¡es mucho esfuerzo!) detenerse y mirar a nuestro alrededor…el parque es un lugar de experimentación, la infancia posee el don de producir un lenguaje vivo, de conocimiento. El niño puede tomar un palo, hacer notas, una bitácora mental, el objeto toma diversas formas: “esto no es un palo, es una espada, es una bandera, es una varita mágica, la rompo, son palitos chinos, son cuernos, la vuelvo a romper, ahora es una familia, es la historia de una familia, la mamá y el papá van a un parque de diversiones y los niños…”