andy 

warhol

arte:

sin reservas

“no hay más en la obra de andy warhol o de jeff koons que el disfrute de un momento. que la estupidez sin sentido, sin lógica, sin demanda, sin explicaciones, sin remordimientos, sin juicio, sin reservas”

 

cumplía los veinticinco años de edad, sentía que el mundo era mío y que cualquier cosa que tocaba se convertía en oro. la vida no me había dado ningún revés considerable, vivía cómodamente y sin más consideraciones que aquello que me satisfacía. me gustaba todo cuanto decía, hacía o pensaba. aquello que era diferente a mí o a mi círculo inmediato, lo despreciaba con un sinfín de argumentos “intelectuales” y hasta “académicos”, lo destrozaba. así hacía también con las personas y prácticas. era un egoísta, snob y pedante hecho y derecho, un cretino.

 

entonces tenía una novia -hoy no logro comprender cómo es que yo le gustaba-, llegamos como muchas otras noches a casa de sus padres, después de un día de risas, entretenimiento y charlas sobre cientos de cosas. estacioné el auto, bajamos y fuimos hacia la cajuela del auto, donde habíamos guardado los suéteres y otros paquetes.

 

me agaché y metí la cabeza mientras alcanzaba un paquete que se había arrinconado, alcancé el paquete y salí de la cajuela, pero torpemente me pegué en el cabeza con el borde de la puerta, sentí un ardor inmediato, una punzada. ella soltó una carcajada ante el suceso, natural, sin miramientos, sin reservas ante mi estupidez accidental.

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ojalá yo hubiese reído con ella mientras me tomaba la cabeza, disfrutar el momento con ella. pero, en vez de ello, me enfurecí, le reclamé y evidencié su “falta de empatía por el dolor ajeno” o no sé qué estupidez se me ocurrió entonces. ella intentó calmar su risa y hasta se disculpó, aunque más por cortesía que porque quisiera. yo seguí molesto el resto de la noche, me despedí de ella y volví a casa sin olvidar el incidente, ahora sólo es un recuerdo de una noche que pudo terminar entre carcajadas y abrazos, no fue así.

 

el arte, los artistas, la historia en general está llena de encumbrados e impresionantes héroes, proezas, ilustrados, genios. arte que nos conmueve, que promueve los más ilustres y excelsos valores de la humanidad, arte que se debe conocer para ser mejor, para jactarse de ello, lugares que visitar, historias que saber, críticas que poder decir en la comida más insignificante entre personas, o para vanagloriarse en una convención de artistas. artistas y arte que sólo existen en la vanagloria de sus intenciones, en la racionalidad de sus prácticas y de sus consumidores.

 

y de vez en cuando, más común de lo que pensamos, surgen aquellos que sin miramientos sólo crean porque sí, sin reservas, ni intenciones. algunos podrían pensar que sus obras fueron un golpe de suerte, un golpe con la orilla de la cajuela en la cabeza, una estupidez que sólo hace reír al otro, que lo hace disfrutar, que lo cautiva por la simpleza de su hechura, y no una “verdadera obra de arte”. tal vez sólo amenaza nuestra identidad de “conocedores”, como la de aquel joven snob que no podía ser tan estúpido y golpearse repentinamente.

 

hoy, muchos años después de aquella noche con quien fuera la mujer de mi vida, recuerdo mi golpe en la cabeza con la cajuela de mi auto y sonrío, pero jamás disfrutaré de ese momento que pasó. cuando veo una obra de warhol o de kons, no puedo veo nada más que la posibilidad de disfrutar el momento, ese preciso momento, entregarme al deleite de una estupidez y seguir. qué importa si no hay nada más que decir o pensar.

 

estoy escuchando a max richter, “whispers” y “your reflection”. de warhol y de koons, vean lo que quieran, da lo mismo aunque los “intelectuales” digan lo contrario. riánse de la estupidez, no la piensen; sin reservas.

dávila onofre.

@theportretap

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arte&cotidianidad año2 #2. marzo-abril. estupidez.