Studio Atelier.

Eros de plástico.

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La pornografía es un elemento integrado en en la vida privada del individuo. Se empieza desde temprana edad, al menos todavía en los noventas, yo incursioné en el mundo pornográfico con revistas de bajo presupuesto de modelos amateurs, o en los puestos de DVD donde el señor tenía una caja escondida con películas de contenido XXX. Compraba dos películas y las intercambiaba con mis amigos; hablábamos de los tipos de mujeres que nos gustaban y de las posiciones que utilizaríamos con nuestras amantes, sin duda era un festín orgiástico que hacía volar nuestra imaginación,  pero en el momento de acercarnos a una chava real, uno que otro amigo lograba traspasar la barrera de la timidez y entablar una relación más allá de la amistad, mientras que la mayoría de nosotros seguíamos encerrados en un ideal que la pornografía prometía: una relación donde la mujer está satisfecha en todo momento gracias al gran pene del hombre y a sus habilidades sexuales. Sin embargo, ya desde los 12 años me surgía constantemente una pregunta¿Qué es el amor? Se entremezclaban dentro de mi cabeza las escenas pornográficas XXX con las películas que pasaban en Golden de Soft-porn y las películas de clasificación B15, que a pesar de tener que cerrar los ojos, no me contenía y hacía una pequeña abertura entre mis dedos para alcanzar a mirarle los senos de Rose, la protagonista de la película Titanic. Vi la película otras tres veces, pero prefería mantener cerrados los ojos, imaginar una escena donde Rose se levantaba lentamente del sillón y tomaba su bata y la ponía para después, recostarse nuevamente y que se le dibujara de esa manera; otra escena donde Rose le decía a Jack que era su turno de dibujarlo, él se desnudaría¿le dibujaría su pene? “no, no, imposible”, pensaba para mis adentros.

 

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A medida que transitaba por la turbulenta adolescencia, la tecnología avanzaba vertiginosamente y con ello, el internet inauguraba una vía más sencilla de mirar porno. Los videos descargables todavía daban la oportunidad de esperar unas horas hasta que se pudiera abrir el archivo, y con el uso de la intuición, se podía atinar que video valdría la pena descargar.

1. Girl Amazing tits.

2. Two girls one cup.

3. Couple making love.

4. Mexicana XXX.

5. Gays oral, anal.

6. Kardashian sex Famous.

 

O tal vez, simplemente era un golpe de suerte porque un buen titulo no garantizaba que el contenido cumpliera las expectativas. Simultáneamente, seguía sin saber qué era el amor pero aun así, me había vuelta menos tímido, ya podía acercarme a las chavas que me gustaban pero no podía mantener una conversación de cinco minutos. Los amigos aventureros comenzaban a tener novias ¡y peor aún! hablaban de la relación sexual como si fuera algo sencillo, estaba al alcance de sus vidas, lo equiparaban como ir a un Mc Donalds y pedir un Mc Trio. No conforme con lo anterior, mis amigos decían haber tenido relaciones con tres o cuatro parejas, hasta con extranjeras y por dentro se me llenaba el estómago de una espesa masa negra llamada envidia, pero cuando los veía con sus novias, al contrario de su discurso, eran extremadamente cariñosos y rara vez se separaban de ella o de lo contrario, saldrían regañados. Los que estábamos en el “grupo de la virginidad”, mirábamos porno de contenido ominoso, el que nos parecía extraño, asqueroso o bizarro, tales como videos de coprofilia, zoofilia o sadomasoquismo. Nadie se atrevía a detener el video por temor a que le dijeran maricón, aunque tal vez hubiera sido lo más valiente. Bajo ese colorario de pornografía, desde lo más suave a lo más hardcore, me angustiaba imaginar que la relación sexual era demasiado compleja para mí, como un examen de Algebra para el cual, no había estudiado, y percibía al mismo tiempo, que el amor era del campo de la física cuántica.

 

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Fue hasta los 18 años cuando entré a la universidad y estudiaba los conceptos de filosofía, la interpretación de los sueños de Freud y contemplaba fascinado las películas de Lars Von Trier. El profesor de cine hablaba de Eros, el de filosofía de Eros y la de Psicoanálisis de Eros. Así que, naturalmente, realicé mi propia investigación empírica en la disciplina de la pornografía. Google se convertía en el nuevo ser omnisciente que estaba en todas partes, le preguntaba cualquier cosa y él me daba los links, y cuando relacionaba Eros con la pornografía, la recolección de los videos  se englobaba en características específicas: historias más elaboradas donde había un conflicto principal, lo prohibido. Historias donde generalmente habría entre el hombre y la mujer una relación asimétrica y que en la realidad eran poco probables que tuvieran éxito en la realidad, aunque de vez en cuando, se escuchaban los rumores, “¿ya viste que el Maestro X anda con la alumna Y? Otro elemento era el de la ternura; los orgasmos eran de menor magnitud, y los besos se asemejaban a lo que podía observar en el cine comercial. No obstante, recibía impactos de realidad cuando comenzaba mi propia aventura sexual: la frustración, el rechazo, la insatisfacción y la impotencia se volvían sensaciones indeseables que quería evitar a toda costa. Tal vez era que me encontraba inmerso en un dilema Edípico que repetía una y otra vez sin darme cuenta. Tal vez era que intentaba encontrar las respuestas del amor en la pornografía, o elementos pornográficos en el amor.

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¿Qué sucede con el arte? ¿específicamente con la fotografía? ¿cuándo se podría decir que un desnudo es erótico? ¿un desnudo es necesariamente pornográfico? La salida fácil sería decir que los límites entre lo pornográfico y lo erótico se están ampliando, que ahora más que nunca vivimos en una era en la que cada quien es “libre de apropiarse de su sexualidad”, “de un amor visto como un aspecto de voluntad y que si en el amor te va mal es tu responsabilidad”, a lo anterior, le agregaría a la Ilustración tecnológica que ha ido permeando las experiencias emocionales del ser humano con la frase: “usa tu razón”, “son tus distorsiones cognitivas sobre el amor que te hace caerte en la misma piedra”. Hasta el uso de la imaginación, pensar en el otro se ha vuelto peligroso y dañino para el ser humano, nuevamente: “usa tu razón, diferencia lo que te conviene y no”. Nos hemos empeñado en  transformar a Eros en un ser de cirugías plásticas, que viene a promover una psicología de la Felicidad o un medicamento que adormezca el pensamiento, y que en vez de sostener un arco, tendría una bandera de la paz o la bandera LGBT y con un cuerpo Fit. (está prohibido pensar en dioses gorditos porque promueve la obesidad infantil). La fotografía puede caer en la trampa y el espectador en conformarse con ese tipo de arte que predomina en la actualidad. La fotografía erótica también entra en esos términos, no es una linea lo que separa a Eros de la Pornografía, ni un puente lo que los une, es una ciudad con conexiones e incongruencias, callejones sin salida y espacios que aun no han sido explorados. La fotografía, el arte proporciona preguntas, caminos, derivas. Observemos, a sabiendas de que, como espectadores hay una susceptibilidad de pervertir la imagen, o por el contrario, de sacralizarla. Escuchemos lo que nos tiene que decir la fotógrafa Erótica de Royal Magnificient Atelier / El Studio Taller.

 

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El Studio Taller e Inverosímil les proporcionamos un archivo para que ustedes indiquen qué es censurable y qué no debería ser censurado, las instrucciones están en el archivo. Gracias por su atención, lindos sueños húmedos.