cerveza pa' la sed o pa'l gusto

Monstruo de Agua.

Una cerveza para la sed o pa’l gusto


 

El beber una cerveza siempre me ha remitido a la unión, a los amigos…a esa pérdida de la timidez en el encuentro con el otro.

 

Sin duda yo podría beber una cerveza a diario, antes de dormir, o quizá a medio día con una dona de krispi Crim y quizá los buenos catadores de cerveza me verían con cara de repudio. En primavera solía tomar un par de cervezas con mi amiga Nayeli. La experiencia de la cerveza era todo un ritual, ella y yo caminábamos desde Walmart de Toreo hasta su apartamento, platicando de cualquier cosa mientras sudábamos nuestras espaldas (ya saben ese espacio entre la mochila y tu espalda) y cuando bajábamos una colina, nos alzábamos las mochilas para orearnos las playeras. Normalmente Naye saludaba a un par de vecinos, y casi al llegar al apartamento estaba la bajada de un puente donde los coches descendían a altas velocidades; nos tomábamos de las manos y contábamos hasta tres para cruzar, 1, 2 , 3…¡corre! Después, estaba un pequeño parque lo cruzábamos para llegar al edificio, Naye vivía en el penúltimo piso, y por alguna extraña razón, siempre olía a pimienta. Naye sacaba de su mochila las llaves y ponía un pie en la parte inferior de la puerta, empujándola. Al entrar, lo primero que hacíamos era poner las mochilas en el piso, quitarnos los zapatos y ponernos pantuflas. Naye tenía unas reservadas para mí, apenas y mi pie cabía, eran tremendamente cómodas, de color rosa y con la cara de una vaca muy amigable, ¡ah!  no podían faltar los shorts (esos pantaloncillos extremadamente cortos) y era así como preparábamos al cuerpo para al fin abrir el refri y preparar la comida. Sacábamos una cerveza, algunas veces, un limón, un cuchillo, sal y un exprimidor. Chocábamos las botellas y al primer trago, le agradecíamos a la evolución de nuestros primates ancestros el movimiento de articular nuestros labios (que es parecido al movimiento del besar) a nuestras manos y dedos para lograr sostener la botella; a nuestro paladar, que después de prepararlo con una larga caminata bajo el sol flameante, estaba seco y listo para ese trago.

 

El primer trago era el más importante .Bebíamos lo suficiente para sentir esa felicidad particular, ese sentimiento donde todo era posible, nos reíamos de cualquier pendejada, sólo bastaban dos chelas para ese momento. Era una sensación que quisieras que durara todo el tiempo, desafortunadamente, era momentáneo. Así, nos sentábamos a comer y de igual forma, todo era un manjar.

Naye es de esas personas que te transmiten mucha paz, y tranquilidad, me daba un freno en mi acelerada vida. Su madre, amante de los postres, tenía preparada una gelatina de guayaba con consistencia  entre gelatinosa y mucosa, la experiencia era casi como morder una guayaba y sentir los huesillos en la lengua. Era deliciosa.

Nunca llegábamos a la embriaguez, se volvía un momento especial que no queríamos que se fuera al exceso hasta olvidarlo. Para mí, las cervezas artesanales tienen ese propósito de disfrutarlo con cada trago, es más, nunca he conocido a alguien que se ponga pedo con esas chelas, y creo que tiene un tanto que ver con la ideología que hay detrás de esa división de la cerveza más comercial que compras en grandes cantidades en el Oxxo a precios muy accesibles, a esa cerveza que promete una experiencia única en su sabor, por ejemplo.

 

Y no es que una sea mejor que otra, está de moda lo “orgánico”, lo vegano, lo “artesanal”,  te venden esa idea de: “lo único”, lo “raro”, lo “diferente”. Por más que se intente seducir, se cae en cuenta de que su materia prima es importada, además que los estilos Pale Ale, IPA, Lager, son copiados de nuestros vecinos europeos y estadounidenses. Esto es lo que nos hace cuestionar la Cervecera Mexicana “Monstruo de Agua” ¿cómo sobreviven las microempresas, sin terminar deglutidas por las grandes marcas?

 

La cerveza inició siendo un producto casero, casi desde tiempos en lo que nuestros ancestros crearon el lenguaje, y según la historia, es uno de los factores que nos hizo ser hombres más civilizados (de eso no estoy segura).  La experimentación, el estudio de este brebaje terminó devorado por las industrias transnacionales. El estilo “pilsner” fue el iniciador de la modernización al arte de la elaboración de la cerveza y su producción en masa, así como de su globalización, antes solo estaba disponible para sus propias comunidades, ahora tenemos acceso a cientos de marcas de todo el mundo.


Ese factor “único” que nos promete Monstruo de Agua, a través de la creación de sus propios ingredientes y la experimentación continua de sabores está sustentada por  una ideología de preservación de la Cultura Mexicana y lo lleva condensada en su logo, representada con un Ajolote, palabra proveniente del Nahuatl, quien Matías, uno de los creadores de la cerveza, lo menciona como: “el tótem de la conservación”.

 

A lo largo de la historia encontramos que la creación de la cerveza dio la pauta a los orígenes de la agricultura  donde cada civilización utilizaba lo que tenia a la mano para hacer cerveza. Matías nos dice que incluso los ingredientes que  ocupan son de huertos urbanos, no es lo mismo obtener los plátanos que se venden en el mercado a los plátanos que tiene están en el huerto, o en el jardín de la casa de un agricultor por hobbie urbanizado.  Se genera entre los productores  “un intercambio de cosechas”, y es así como se logra la diversidad de los sabores, no sólo en cuanto a que sean diferentes, sino que son cosechados en un proceso natural.  

 

Me pregunto si a Naye le importará toda esta explicación la próxima vez que nos echemos una chela artesanal o barata en la cocina de su departamento.

La Niña