Arte visual. Antonio Fräppa.

Las letras en la guillotina.

el consurso de Fräppa y Kenny el editor

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Por: Gustavo.

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Conocí una vez a alguien que leía las revista de forma inversa, desde la última página hasta la portada. Me parecía extraña esa forma de leer e intentaba recordar si en la escuela estaría permitido, pero bien nos decía la Miss de Español: “El libro que les dejo hoy, lo tienen que leer de principio a fin, y después deben realizar un resumen”. De niño era precoz,  me gustaban la mayoría de las maestras de la primaria, pero la Miss de Español no era bonita, ni encantadora…era una mujer detestable. Cuando nos entregaba los resúmenes corregidos, ya más o menos intuía el resultado del resumen: la hoja estaría llena de correcciones por faltas de ortografía y redacción, además que en el reverso de la hoja, estarían escritos unos largos comentarios “constructivos” por parte de la Miss. Para el colmo, en términos de conducta,  solía hablar constantemente en clase con mis compañeros, tenía desordenado mi pupitre, no realizaba las actividades, y molestaba de sobre manera a las niñas que me gustaban del salón. Después de varios intentos por parte de la Miss para que me portara bien, esa mujer entraba en un estado de desesperación y como última opción la maestra optaba por llevarme al área de los castigados que consistía en arrastrar mi pupitre hasta adelante, a metros de distancia de mis compañeros, al menos no me obligaban a ponerme unas orejas de burro pero el mensaje estaba implícito. Debido al estado de aislamiento en el que me encontraba, tenía más probabilidades de volverme loco, sin embargo, mientras escuchaba a la Miss balbucear sobre algunas reglas gramaticales, me ensimismaba en hacer dibujos encima de las hojas de los libros de la SEP y escribir diálogos a los personajes que salían en el libro, e incluso recortaba, a escondidas, imágenes y algunas oraciones y las pegaba en otra hoja que sería mi libro alternativo de la SEP. Ese compendio de imágenes, ideas, frases, rompecabezas infantil, fue mi primera obra de arte.

Un buen día, la Miss nos pidió el libro de Español de la SEP para que lo calificara (ese libro, al representar en su mayoría a la Miss, era  en el que había intervenido con mayor pasión) a los pocos minutos me llamó enfurecida para que le explicara la barbarie que había realizado con el sacro libro institucional “¡Esto es una falta de respeto, ahora si has sobrepasado los límites!”, gritó la Miss al mismo tiempo que sus lágrimas caían lentamente sobre sus mejillas. Esta acción, tuvo una serie de consecuencias y probablemente pasé el resto del año en el área de aislamiento. Aunque de vez en cuando, alguien resultaba castigado y me hacía compañía en la solitaria “Isla de Alcatraz”. Se había gestado en el salón un linea divisoria entre los bien portados y el niño rebelde que “dañó moralmente a la nación”, según le dijo la Miss a la Directora.

 La escuela que cursé no fue necesariamente una institución que realzara los valores éticos de la nación, ni siquiera se trataba de una escuela católica, pero durante el transcurso de mi educación básica fui percibiendo la marcada divergencia entre la posibilidad de romper las reglas y entre mantener las reglas lo más asentado posible. Tuve esperanzas que durante la secundaria, preparatoria y hasta en la universidad hubiese más espacios en el que se priorizara la creatividad y la actividad lúdica de crear, destruir y reconstruir conceptos, ideas, teorías, pero tal vez sería un contrasentido que en instituciones se permitiera que el estudiante jugara libremente con lo que tiene en la mano, porque aquello implicaría que se rompieran los límites jerárquicos entre el estudiante, el maestro, y la institución misma. Las posibilidades lúdicas se ven reducidas incluso en el campo de las artes y la literatura. Aun hoy en día, hay un recelo cuando se intenta traspasar los límites marcados por ciertos cánones universales porque se le considera altamente transgresivo. Tal es el caso particular de Antonio Fräppa D, que encontró en el autodidactismo una alternativa para la exploración lúdica en su quehacer artístico. Hace quince años se inició en el collage, y ser autodidacta, a simple vista pudiera ser una práctica solitaria, sin embargo, dicho estado creativo es una de las tareas más complicadas debido a que está en riesgo-y es inevitable- que se desdoblen en el ser otros personajes internos que a veces se les desea ocultar, y en otras, develar. Ya sea, por exilio-como fue en mi caso en la primaria. ya sea, por una elección artística- como lo eligió Fräppa-las brechas, los límites, las fronteras entre lo público y lo privado, entre lo valorizado y banalizado, entre Eros y Tánatos, entre el maestro y el alumno, se ponen en juego porque es uno con el otro, el otro con uno.

En el campo del collage, Fräppa va un poco más lejos al recortar libros de la pintura universal para darle otro uso y eliminar la función contemplativa y de consulta que se le ha dado. Incluso Fräppa estaría encantado, si tuviera en sus manos, la obra original para recortarla y re-crear, a través del collage, otra obra. En mi mente pasan una serie de pinturas que valdría la pena recortar, no obstante, una en especial me salta a la cabeza: La Mona Lisa. Duchamp ya lo hizo poniéndole un bigote a la Gioconda e incluso, años antes Vicenzo Peruggia descolgó el cuadro  y se lo llevó tranquilamente a casa, se dice, que por motivaciones patrióticas para regresar el cuadro a Italia, al fin y al cabo, lo mismo, a otro museo. Si en algún momento, esa posibilidad florece, se acabaría con el martirio de la Gioconda que está siendo resguardada en una vitrina de cristal con altos niveles de seguridad que la protege de la humedad, la luz, el calor, los robos, el vandalismo (Antonio Fräppa), y hasta daría la sensación que la extinción del ser humano es más probable que suceda, a que algún día, esa obra majestuosa muera, desaparezca o se transforme en otra cosa. Desafortunadamente, por ahora, de lo que no se puede proteger la Gioconda es de turistas, influencers y de las selfies.

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Collage y las letras.

 

Fräppa e inverosímil revista realizaron una actividad improvisada en el que se cortó una página de un libro de arte y se dispuso de varios libros de teoría del arte para recortar algunas palabras que podrían tener otro uso y sacarlas del olvido. Después de haber recortado una serie de palabras, se pusieron dentro de un contenedor y cada participante sacó al azar la palabra para situarla en alguna parte de la hoja. Finalmente, cuándo se acabaron las palabras, cada participante siguió su propio camino donde resultó un cuento muy particular al estilo cadáver exquisito propuesto por los surrealistas. La diferencia en esta actividad fue que las palabras no son lineales, se podía empezar por donde el participante deseara, de derecha hacia izquierda y viceversa. Así también, de arriba para abajo y viceversa. Ahora bien, si se le da vuelta a la imaginación se puede leer: una palabra sí, dos no, dos sí, dos no. Las posibilidades se expanden, al menos que llegue la Miss de Español o Avelina Lesper.

 

Se insta a que el público de Inverosímil participe conjuntamente en esta actividad durante esta edición.

 

Artista:

 

Antonio Fräppa

Actualmente radica en Cuaxies, al Sur de la mente de Alred Harr.

Autodidacta de la composición de collage análogo pictórico.

Es gestor de la Sociedad Mexicana de Collaxistas y del proyecto MICC (Museo Internacional de Composiciones con Collage) con base en México.

 

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