Palabrería. Kenny.

Disertaciones del editor.

“Las disertaciones sobre el acontecer  geopolítico y simbólico del fenómeno Huachicoléico contemporáneo en la vida cotidiana” o “La vergüenza nacional del Editor”.

 

¿Cómo esperan que sea tolerante con esta situación con tintes apocalípticos que no hace otra cosa más que mostrar lo más primitivo de mi ser? Para ser honesto, me he distinguido por haber crecido en el seno de una familia de valores éticos y sociales conservadores donde el medio de transporte fue y sigue siendo el automóvil. A pesar de que se me obligó a aprender a manejar en un carro standard -se me hacía inútil tener que aprender a manejar standard cuando había carros automáticos- siempre he tenido la mala costumbre de sacar mi camioneta de mi garage para ir al City Market que está a unos minutos, y bueno, son contados los días que suelo ir a comprar la despensa porque normalmente lo hace mi chofer, porque gracias a Dios tengo un buen trabajo que me permite darme estos lujos. Resulta, pues, que hace unos días, Primitivo, Primi de cariño, me marca para decirme que no le sería posible venir a trabajar porque se le acabó la gasolina y en sus rumbos el desabasto está paralizando el movimiento de la gente. Y yo le dije: “bueno, Primi ¿pues que allá no llega el transporte colectivo?” a lo que él contestó: “no se imagina, Señor Editor, como andan los asaltos, a ellos no les importa la situación del país, nomás les gusta aprovecharse de los que menos tienen”, y yo, para mis adentros pensaba: “si para eso lo contraté, para que me protegiera de los secuestradores, pero sí él mismo no sabe protegerse…” No me quedó de otra más que darle unos días de descanso a Primitivo para que pasara más tiempo con la familia, además, no le había dado vacaciones en dos años y ya le hacia falta descansar.

Los primeros días del desabasto fueron relativamente tranquilos, sin embargo, al tener que manejar de nuevo, ya no me acordaba de los corajes que me salían de las entrañas cada vez que un carro osaba en invadir el carril de alta sin tener en consideración que su carro no tenía la carrocería suficiente para rebasar. Sumado a esto, pasaba por mi conciencia, cierto malestar de no haberle hecho caso a mi asesor financiero quien me había recomendado que adquiriera una camioneta Tesla, esa marca de automóviles eléctricos, en vez de la Range Rover, pero en eso si tuve la culpa por haberme dejado llevar por mi pasión automotriz. Por las mañanas, mi vecino que se las da de ecológico, me restriega en su cara la buena decisión que tomó al salvar al planeta adquiriendo un carro Tesla (la versión más básica) y me saluda, su sonrisa llena de malicia, preguntándome si yo necesito un aventón. Como soy un tipo educado, le digo: “Muy buenos días, vecino. Te lo agradezco, pero no vamos para el mismo lugar, además voy a aprovechar para formarme en la fila de la gasolinera”.

 

La Gasolinería mas cercana del fraccionamiento de mi hogar, se encuentra a unos 5 km, y por la hora, había pensado-¡qué incrédulo fui!-que encontraría poca gente, y de ahí me iría a las oficinas Inverosímil sin ningún problema, ¡grave error el haberme burlado de mi vecino afiliado a Green Peace! La fila era inmensa, le calculé unos dos km por lo menos. Por fortuna, mi camioneta Range Rover tiene una función que le permite ahorrar gasolina, así que tendría suficiente suministro para llegar a las oficinas y saliendo del trabajo, sacrificaría mi sesión de rejuvenecimiento facial para formarme en la fila, pero después se me ocurrió la idea de decirle a mi secretaria que fuera a formarse en la fila en sus horas laborales, para no perder mi sesión en el Spa.

Pero todo cambió  cuando, al entrar a las oficinas, me había percatado que Sherlyn, la secretaria, no había llegado ¡Lo que me faltaba, carajo! Sin Primi y Sher, esto se había transformado en una experiencia perturbadora para mi continuidad existencial, y no solo era eso, conforme caminaba por los pasillos, más de la mitad de los cubículos estaban vacíos. Esto no se trataba de una huelga en contra de la revista sino que, “el efecto huachicoléico”, como lo había profetizado nuestro corresponsal, Gabriel, “el carnitas asadas”, se había cumplido tan solo en un abrir y cerrar los ojos. Ya nuestro corresponsal me había recomendado que yo escribiera específicamente sobre: “Las disertaciones sobre el acontecer geopolítico y simbólico del fenómeno Huachicoléico contemporáneo en la vida cotidiana”. De una forma, tal vez un poco arrogante, le había tomado poca importancia a su comentario porque suele ser un chico que busca aprobación paterna de mi parte, así que había pensado que se trataba de otra de sus estrategias para llamar la atención.  Deducía, que esta situación se resolvería en no más de dos días, pero la realidad ha sido otra, una realmente con tintes inverosímiles ya que al estar formado en la fila me he topado con lo más visceral del ser humano. Que quede claro que de ninguna manera deseo ponerme en un lugar moral superior a los demás, porque incluso a Primi, a Sher y al Gabi los trato con sumo respeto, pero lo que acontece en la fila de la gasolinas es la anarquía en su máxima expresión; el caos siempre ha estado ahí, solo se necesitó de un “chinga tu madre” cuando, por equivocación-¡es verdad, el Editor si se equivoca!-me metí a la fila casi llegando a la gasolinería. Un cúmulo de personas enfurecidas rodearon mi camioneta y comenzaron a gritarme al unísono y le recé a Dios para que no me amarraran y me lincharan en las afueras de Paseo Interlomas (para los de provincianos, es un centro comercial de una zona exclusiva en la Ciudad de México). Por fortuna, algunas de las personas que estaban participando en el tentativo homicidio colectivo, se percataron de que aquel ser humano que le faltó un poco el respeto a las personas de la fila, se trataba de su editor en jefe; ahí estaban los redactores, diseñadores y hasta mi secretaria, quienes muy amablemente calmaron las aguas. Aun así, tuve que esperar un buen rato porque cuando llegó mi turno de pasar, solamente tenían gasolina Magna. Fueron otras tres horas que tuve que esperar la pipa, pero que no fueron desperdiciados porque los utilicé para reflexionar sobre mis áreas de oportunidad en este evento vergonzoso. También me hizo ver la ambiguedad social entre la unión y la disgregación que se está gestando entre los ciudadanos debido a al “fenómeno huichacoléico”. Para reparar mi daño, de forma implícita claro, no me iba a bajar para disculparme con cada uno de los carros en la fila, sin embargo, descubrí en Instagram que podía contribuir dándole corazón a una imagen donde había un huevo: “World_record_egg” para superar el récord que tenía Kylie Jenner.  No todo fue un mal trago, hay esperanza en la humanidad.

Schröter Instituto de estudios críticos en arte