Disertaciones del editor. 

Los sueños del editor.

Tuve un sueño: estaba yo en una especie de laguna, nadando, al parecer explorando las profundidades de la laguna, me sumergía y veía obscuridad. Al sacar mi cabeza del agua me daba cuenta que estaba totalmente desnudo. Conforme avanzaba, otros hombres también estaban en la misma condición: desnudos. Me acercaba, les preguntaba su nombre: de dónde venían y qué hacían aquí. Al poco tiempo, se acercaba el líder quien medía la longitud de mi pene, lo anotaba en una hoja y pensaba que esa hoja era una forma de mantener el registro y control sobre mí y los demás. Me sentía vulnerable, no había vuelta atrás, ya no podía ocultarme; me había dado cuenta de que los demás también se sentían de esa manera, no por el hecho de estar desnudos, sino porque quedaban anotados en la lista, con la diferencia de que cada quien reaccionaba de manera distinta: algunos se sumergían en el mar, otros se aventaban por el precipicio e incluso el hombre que se hacía llamar el líder, de no ser por la hoja que tenía entre sus manos, también quedaría expuesto a la desesperación.

 

Al despertar del sueño, mi corazón palpitaba con fuerza y se expandía rápidamente por todo mi cuerpo; el día anterior me había roto los ligamentos y tendría que utilizar unas botas ortopédicas o como se les dice coloquialmente: las botas de Robocop. A la mañana siguiente, mi día transcurriría de la siguiente manera: levantarme de mi cama ponerme la dichosa bota,  salir a la calle cojeando, pasearme con esa gran protuberancia en mi pie izquierdo saludando a la gente como si nada hubiese pasado y si algún curioso se atreviera a preguntarme, le contestaría: “bueno, en realidad no estuvo tan grave, es más, casi ni me dolió, me pongo estas botas Robocop (en ese instante, soltaría una carcajada para dar a entender que lo había tomado como un evento chistoso),y solo por precaución, las utilizaré unos dos o tres días(sabía muy bien que el doctor me había dicho que era esencial tener las botas al menos dos semanas).

 

En fin, mis pensamientos disertaban en evitar exponerme, en transmitirle a los demás que me encontraba bien, y que el evento habría sido una cosa menor… ¡Bah! ¿a quién engañaba? ¿si ni yo mismo lograba engañarme? Indagando un poco más en mis pensamientos, intentando enfocar mi visión hacia el pasado, recordaba las veces en las que habría manifestado un sentimiento de vulnerabilidad al estar expuesto.

 

Habré tenido unos seis años, mi nana me llevaba a clases de natación al Nelson Vargas, también me acompañaba al fútbol, era una segunda mamá en las juntas escolares, y como mis padres trabajaban hasta tarde, pasaba mucho tiempo con ella. Ese día había tenido la clase de fútbol e inmediatamente la clase de natación que estaba a un lado de las canchas. Al llegar al vestidor para ponerme mi traje de baño y meterme a la alberca, me di cuenta que había dejado mi calzón Speedo en mi cuarto. Fui con mi nana a contarle, entre lágrimas, que había olvidado mi traje de baño y ya no podría entrar a la alberca. Mi nana me tranquilizó, me dijo que compraría uno nuevo en la tienda. Cuando entramos al local, había mucha gente alrededor del mostrador pero mi nana se escabulló hasta poder hablar con el señor y preguntarle por las tallas de trajes de baño. Ella me dio un calzón negro, Speedo y rápidamente corrí al probador que estaba a un lado. Me quité la playera, los shorts y las chanclas; estaba tan emocionado que ni siquiera me había visto en el espejo. Salí del probador, le grité entusiasmado a mi abuela:”¡mira, si me quedó!” Ya no aguantaba las ganas de probar mi velocidad con este nuevo calzón Speedo color negro, equipado con mis goggles de última generación y mi gorra azul marino. Estaba listo para ganarle a los demás niños en la prueba de Crol y de Espalda. Pero no había contado con que mi voz triunfante hubiese acaparado la atención de las demás personas… ¿Por qué me miraban de esa manera? ¿por qué se reían de mí? no había contado algún chiste, no me había disfrazado de payaso ¿por qué la niña se tapaba los ojos? la mirada de las personas se dirigía a mi Speedo negro, era cierto, me quedaba apretado¿tenía importancia? ¿afectaría mi rendimiento en las pruebas? Poco a poco, las miradas se convirtieron en comentarios en voz baja , hasta llegar a burlas mediante señalamientos y carcajadas. Miré hacía mi calzones Speedo y de pronto me pareció la cosa más horrorosa que me había puesto. Las clases de natación dejaron de ser divertidas, era como ir a la escuela. De camino a casa, no dejaba de llorar.

Podría enumerar eventos posteriores donde se muestra la sensación de vulnerabilidad y las miles de maniobras para disimular mi “desnudez”, sin embargo, lo que no había logrado entender es la influencia y las consecuencias que tiene la aprobación o desaprobación del Otro, esto no se reduce a una mirada, a un par de burlas, a unas notas de una persona que tiene el control de la medición de los penes. Aquello se torna más complejo cuando un régimen de poder, llámese: ideologías educativas o en los “valores y misiones de empresas trans-nacionales” y hasta en instituciones académicas de una extensa trayectoria y reconocimiento, dominan y someten al individuo coaccionando su libertad. Ya no estamos en la época de campos de concentración, ni en la vieja usanza del maestro con su regla utilizándola como condicionante para cambiar la conducta. La paradoja de la explotación reside en un sutil disfraz donde se busca una optimización del personal mediante (como lo describe Byung-Chul Han) un incremento eficiente profesional sin límites. Si la persona dentro de una empresa, tiene indicios de debilidad, de vulnerabilidad o de equivocación, tendrán que ser eliminados y sustituidos por técnicas adaptativas que haga de esa persona (o ya no se le puede decir persona, sino trainee, senior, junior) más productiva . Dentro del marco de los niños en una escuela, se busca que el pequeño también sea competente y además un niño “feliz” por obligación, además de cumplir una larga tira de materias que tiene que realizar desde temprana edad: Chino, francés, educación física, matemáticas, son algunas de las materias que tendrá que cursar para ser un individuo competente, emprendedora y exitosa.  Así mismo, se les pide a los padres- ya no es mediante circulares, ahora es por grupos de Whats App- que sus hijos mantengan las calificaciones altas para que en futuros años tengan becas y puedan estar en ventaja y no se queden rezagados.

 

Hace unos días,  escuchaba en la radios una entrevista que le realizaron a Pérez-Reverte, a propósito de su novela donde el personaje principal era “malvado”. Le preguntaban por qué  había construido ese personaje y él respondía que es más interesante profundizar en personajes malvados que en los personajes “buenistas”, a aquellos que emanan bondad. El escritor comentaba sobre el sometimiento del sistema educativo actual que desde chiquillos, los profesores les enseñan que una marmota es buena, el tiburón es alegre, envolviendo al ser humano en un halo de “buenísmo” y ¡cuidado con los niños que muestren algún indicio de  rebeldía o que cuestionaban al maestro! porqué a ellos habría que aplacarlos y juntarlos con los otros niños mediocres. En última instancia, cuando las “técnicas psicopedagógicas o terapéuticas” no funcionan, se recurre al imperativo: “Tienes TDAH”, “tienes que empoderarte para salir adelante”, “tu te generaste esa decisión”.

 

Es verdad que nos gusta vivir en libertad pero también es verdad que la odiamos, nos seduce  vivir coaccionados regidos por alguien que nos diga qué hacer, que nos dice qué está prohibido. Es agradable vivir en un estado ilusorio de completud donde nada  nos falte. Por ahora la censura reside en:

 

  1. Eliminar pensamientos negativos.

  2. Evitar pensamientos dolorosos porque es sinónimo de debilidad y no es rentable.

  3. Esta prohibido sentir vergüenza ya que eso es un sentimiento del siglo XIX

  4. ¿La culpa? Dios no existe.

 

A todo esto…¿quién interpreta mi sueño? de eso iba a escribir.