Arte visual. Gusano Local.

Gusanos de la cabeza.

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Artista: Gusano Local.

 

Artículo por: Gustavo.

 

De niño me gustaba prenderle fuego a los exámenes de la escuela, a los reportes de conducta que no quería que vieran mis papás, a los juguetes y recipientes de plástico, pero no había otra cosa que me fascinara más que tronar fuegos artificiales caseros y ver como volaban y se desintegraban en el aire. Admiraba a las personas que manipulaban el fuego, lo ejercían con suma facilidad(al menos eso creí); me sentía profundamente identificado con ellos hasta el punto de imaginarme que de grande sería un artesano de la pirotecnia; le rogaba a mis padres que me llevaran a Tultepec, porque había escuchado fantásticas historias sobre ese lugar, y ya en durante esa época me advertían de los peligros de dar la vuelta por allá debido a las explosiones que se daban continuamente.

 

Al poco tiempo, el fuego me dominó: estaba quemando un muñeco de Gokú y unas cuántas gotas de plástico derretido cayeron en uno de mis dedos. Fue un inmenso dolor, sin embargo, mi mayor temor era que descubrieran mis padres lo que había hecho porque, claro, sabía que algo andaba mal con el hecho de prenderle fuego a las cosas, así que lo mantuve en secreto. Naturalmente, el secreto duró poco y para evadir un fuerte castigo, me las había ingeniado para hacerle creer a mi madre que la deformación grosera de mi dedo se había producido por una mordida de perro; debí de haber pensado una mentira más benévola porque visité a un doctor quien me dijo que si había contraído el virus de la rabia tendría que recibir seis inyecciones en mi estómago o la otra opción sería verificar si el perro salvaje que me había mordido tendría el virus. Esa misma tarde, había acompañado a mi madre al trabajo; me miraba de una forma extraña, como de quien mira a una persona que se sabe que morirá pronto y no tuve opción más que decirle la verdad. Mi madre me abrazó y lloró de alegría. Tal tragedia con final cómico quedó grabada en mis padres y en mí,  fue contada durante años en las reuniones familiares, hasta que el tiempo hizo de las suyas y la historia quedó en cenizas.

Observando la historia en retrospectiva, desgloso cuatro puntos importantes:

 

  1. El fuego es una fuerza que impone, y el hombre puede hacer poco para detenerlo.

  2. La Verdad, aunque tenga un componente doloroso, hay una belleza en ella, mientras que La Mentira es un disfraz que ilusiona con detener el sufrimiento.

  3. Una censura se produjo en mi interior (después del suceso) al no tener en cuenta el valor lúdico de quemar los objetos, y con ello, que el miedo y la culpa dominaran y silenciaran el acto creativo.

  4. Hay en el acto de destruir elementos creativos e imaginativos.

 

La obra que presenta Gusano Local, posee aquellos elementos creativos y destructivos  que constituye el juego intrínseco entre la obra y el creador, ya sea mediante las imágenes donde el fuego lentamente va quemando el cuaderno de notas donde probablemente se  habían inscrito en la hojas, bocetos, oraciones, garabatos ,y que intencionalmente, el espectador observa la facilidad con la que las llamas consumen la vida

Los rostros transmiten una serie de impresiones estéticas en el espectador, es la oscilación entre La Mentira y La Verdad, es decir, la lucha entre el rostro que expresa un sufrimiento y la yuxtaposición de un rostro silenciado, impotente. Si las palabras fallan,  el dibujo se encarga de expresarlo de una manera brutal y sin tapujos, los rostros están en el borde del abismo, en el delirio mismo, y es imposible mantener la calma. Así pues, es el componente bello en la locura, al igual que el fuego, es una fuerza que impone, y el hombre puede hacer poco para detenerlo.

De los perros puedo decir muy poco, porque aunque he intentado sobreponerme a mi mentira, aún miro a los perros y prefiero darles la vuelta, no vaya a ser que esta vez si me muerdan de verdad. “¿Oye perro dónde has estado?” Escondido tal vez en las múltiples formas de la autocensura, no vaya a ser que muerda y luego nos vayan a tener que vacunar contra los efectos de nuestros propios deseos.