PERRITO

arte:

Artista: Perrito

(Instagram: malditoperrito)

 

Texto por: El Editor.

 

Los humanos se han encargado muy bien en clasificarnos según nuestra raza, color, tamaño, procedencia y valor económico. Hubo un tiempo en el que los pastores alemán, y en general los perros grandes eran apreciados por el mercado. Al ser humano le parecía enriquecedor que al obtener un San Bernardo, no sólo tendría que preocuparse de cuidarlo y alimentarlo, sino le sería provechoso para su Ego tener un perro de la misma raza que la película de Bethoveen. Pasó lo mismo cuando salió la película de Disney, 101 Dálmatas con la diferencia de que no se compraban el perro para hacerse un abrigo de piel a menos que algún depravado haya osado en ejecutar el plan de Cruela de Vil.

 

Los humanos siempre se han sentido comparados, está en su naturaleza. Por fortuna, a pesar de la apariencia de algunos perros, no somos tan estúpidos para entrar en comparaciones. A nosotros nos da igual, no estamos pendientes de si el otro perro trae una correa Carolina Herrera o si es de diamantes. Nosotros nos reconocemos de la misma manera ,oliéndonos mutuamente el trasero. Son los humanos quienes nos utilizan para sentirse superior a otro humano. Con lo anterior quisiera aclarar que eso no quiere decir que somos inocentes ¡todo lo contrario! tenemos peleas, discusiones pero ese impulso está en los genes y no podemos evitarlo por más que los humanos intenten ponernos correas, o etiquetarnos como seres amigables, pacíficos ¿acaso no es evidente que está en nuestras venas la familiaridad con los animales silvestres? ¡Por dios! ¡Nos gusta orinar en público! ¡Olemos la mierda de otros perros!  ¡no nos importa fornicar en un parque público! Para el colmo, nos ponen nombres de personajes “sobresalientes”: Newton, Freud, Simone de Beauvoir, Chopin. Como si aliviaran sus frustraciones personales a través de los nombres de sus perros. Sería más honesto si fueran nombres de humanos estúpidos: Belinda, Bad Bunny, López Obrador.

 

Pero la cosa no queda ahí, porque en antaño, a los humanos no les importaba su comida, si era orgánica o sin gluten; no les importaba si tiraban la basura en la banqueta-a algunos sigue sin importarle-; no existían los “teléfonos inteligentes”, y los humanos no se tomaban fotos con nosotros para subir su autoestima a partir de los likes recibidos en una publicación; a eso hay que agregarle la nueva ola del conservadurismo donde una mirada puede ser interpretada como lasciva ¿ya no podré acercarme a las perras/perros? ¿ya no podré olerlas/olerlos? ¿habrá una norma donde se limite la distancia entre un perro y otro? ¿nos convertiremos en humanos?

 

Esa última pregunta se la hice a Perrito (así se llama, no tiene nombre de humano) a quien conocí en una perruquería cerca de mi barrio. Perrito es ilustrador y también da clases y talleres de ilustración. No era muy conversador, pero cuando estábamos esperando nuestro turno, le conté de la revista y que yo era el Editor. Entonces él me hizo unas viñetas en ese momento. Días después ,me envió una última viñeta por mail  junto con un texto que decía lo siguiente:

 

Ir a cortarme el cabello para mí es muy difícil. A veces me cortan poquito o me cortan de más, nunca se me acomoda o no crece, me da frío en las orejas o me siento feo y estúpido frente al espejo y no me queda de otra más que llorar mientras espero a que vuelva a crecer.

 

Espero reencontrarme con perrito en la perruquería y decirle que la comparación no es una cualidad canina, sino la necesidad del ser humano por hacer notar las diferencias para sentirse menos amenazados. Los humanos tienen más miedo que nosotros, pero hacen todo por ocultarlo.

un proyecto de:
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arte&cotidianidad año2 #2. marzo-abril. estupidez.