nómada cervantino.

por: Gustavo.

 

Si te da flojera leerlo completo, se puede recurrir a una síntesis en el último párrafo.

 

¿Quién era Don Quijote? Apenas tengo registro de él, en la escuela lo mencionaban:  maestras, directores, poetas, escritores, filósofos. Pienso que si hasta los 24 años me pude sentar a leer Pedro Páramo, cuya insistencia de los programas de la SEP lo marcaba como un libro obligatoria en las aulas en nivel secundaria, tal vez cuando tenga unos 50, 60 años podré atreverme a leer 1024 páginas de la novela canónica de Hispanoamérica. Lo único que sé es que Don Quijote tenía un secuaz llamado Sancho Panza algo así como su pepe grillo que lo mantenía cuerdo. Mis camaradas me preguntan incrédulos: ¿apoco no has leído Don Quijote? No, la verdad, no. Ellos me dicen: bueno, yo sí, nomás el principio. Otros me presumen que lo han leído de principio a fin. Les creo, tienen la pinta de haber leído un libro ininteligible, de un lenguaje extraño, resultan ser personas muy racionales, precavidos y de corazón noble.

 

He ido en tres ocasiones al Cervantino con la intención de involucrarme en las festividades culturales que ofrece, y mi esmero parece imperar cuando llego a los túneles; una palpitación intensa recorre mi cuerpo, dan la bienvenida los amables guías turísticos que por tener una conversación amena con el visitante, están dispuestos a ser arrollados, seguido del embotellamiento y el efecto claustrofóbico que producen las cuevas subterráneas.

 

En Casa de Dante tuve la fortuna de quedarme la primera vez. Una estancia acogedora, la vista era maravillosa, desayuno mexicano de 8 a 11 de la mañana, la creatividad de la cocinera era fascinante: coctel de frutas con forma de Sapo, unos chilaquiles en forma de mariposa. Desafortunadamente, no apreciábamos  (éramos cinco amigos y yo) lo suficiente la hospitalidad de Dante, tal vez porque nos parecía sospechosa la excesiva cordialidad de Dante, no daba signos de molestia a pesar de que llegábamos cantando a las 5 de la mañana afuera de su puerta, o cuando a un amigo se le ocurrió apagar las llamas del asador de la terraza con su pipí. “Sush, sush, Silencio, 11:30” ¡Qué va! la fiesta continuaba dentro de los dormitorios hasta que el ayudante fiel de Dante, nos mandaba a dormir. La única vez que vi a Dante sonreír auténticamente fue cuando hicimos el Check-out.

Me lo tomé más enserio la segunda vez que fui con mi pareja al Cervantino. Con meses de anticipación había reservado la estancia en Airbnb, los boletos de un concierto de música clásica en el Teatro Juarez y un concierto de Jazz en un hotel. Fuimos al museo de la Alhóndiga de Granaditas, me enamoré de Hermenegildo Bustos- el precursor de la fotografía moderna-y probamos uno de los mejores cafés de México . Tripadvisor hubiera estado orgulloso de mí con una estrellita en la frente y comentarios de los usuarios que alimentaran mi ego.

 

Hace unos días fui nuevamente con mi pareja y un grupo de amigos y observé impresionado -tal vez así había sido años anteriores-  una marea de gente en las afueras del Teatro Juarez, una mezcla de olores inusuales que daban por resultado un aroma a Danonino de Fresa, similar al olor que se percibe en las afueras del Ayuntamiento Municipal de Naucalpan en las orillas del Río de los Remedios. Por algún motivo que aún nos preguntamos en el grupo, decidimos ir, en pleno Cervantino, a ver la nueva película de Halloween doblada al español (estaba Venom pero el horario era más tarde) en el primer cine de Guanajuato, incluso, una señora, al preguntarle la dirección hacia el cine, cuestionó nuestra decisión argumentando que era una pérdida de tiempo si teníamos otras opciones más interesantes dada la festividad cultural. Nos puso un tanto tristes su opinión, pero eso no impidió disfrutar de la película mientras comíamos Nachos con queso y unas cervezas que metimos como pubertos de secundaria en la mochila.

(Último párrafo) En síntesis mi experiencia cultural en el Cervantino la podría resumir en una analogía: Hay un video porno de una mujer que es invitada a un motel, es un experimento donde los científicos quieren probar algo: cuánto tiempo puede concentrarse una mujer mientras está leyendo y al mismo tiempo, siendo estimulada hasta llegar al orgasmo. La mujer acepta someterse al experimento por 400 dólares. Ella se quita el pantalón, le dan 100 años de soledad y un hombre se hinca y comienza a estimularla..”Muchos años después, frente al pelotón…mmm…de fusilamiento, el coronel Au..mmm..Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su…ah!..padre lo llevo a conocer el hielo…” Para los que no sepan cómo continúa una película porno, se pueden encontrar una extensa bibliografía en la Web.