CESAR RÍOS

arte:

El artista que pasó de ser un estúpido a convertirse en Dios.

 

Artista: Cesar Ríos.

 

Texto: Gustavo.

 

Se ha presentado un fenómeno que  ha persistido en las sociedades actuales y que desafortunadamente ha vuelto más estúpido o menos sabio (como se quiera verlo) al ser humano.  Me refiero a la tendencia de innata de la persona a estar en un bando u otro ¿Qué es esto? Es muy fácil de observar en la cotidianidad de las redes, memes, artículos, personajes políticos y hasta en propios periodistas que caen en las telarañas del absolutismo.

 

Ejemplo 1: Chairo vs Fifí

 

Ejemplo 2: Nacionalismo vs globalización

 

Ejemplo 3: Quesadillas con queso vs Quesadillas

 

Ejemplo 4: AMLO vs PRIAN

 

Y pensar que desde que somos bebés desarrollamos esa cualidad de escoger uno y lo otro, de quedarnos con una idea y despreciar la otra. De niños, es cuando se va mostrando a nivel grupal como escogemos un bando y aun cuando tengamos la corazonada de que no nos convenga, con tal de pertenecer a un grupo, nos fusionamos en el grupo hasta que perdemos nuestra individualidad, nuestro propio criterio.

 

Me podría explayar en un sin fin de ejemplos pero como esto no se trata de un artículo académico, periodístico o propio de una revista de consultorio médico, me enfocaré en mi buen compita Cesar Ríos quien me ha enviado una obra muy particular y que puso a prueba mi propia estupidez ya que no pude evitar caer en este fenómeno que mencioné anteriormente.

 

En primera instancia,  cuando abrí la primera imagen y vi las colillas de cigarro incrustados en la llave de agua, surgió dentro de mí una mezcla de repulsión e incredulidad ¿acaso se trataba de una broma? Fue entonces como si me hubiera robado los ojos de un crítico de arte consagrado, tal vez de algún/a director/a de un museo prestigiado amante de las bellas artes. Estaba claro que lo que veía (a través de la mirada de un crítico de arte) no se trataba de una obra de arte, ni aun cuando se tratase de arte contemporáneo. Si de artistas contemporáneos hablamos, podría enumerar a cientos de artistas que tienen una técnica excepcional sin caer en trivialidades. Además, era obvio que no tenía un trasfondo crítico-filosófico como las obras de Ai WeiWei o la genialidad creativa de Damien Hirst.

 

Pasé después a la segunda imagen. Cesar había intervenido un letrero que decía: Ruta de Evacuación y en la parte superior había estampas de marcas trasnacionales, Pepsi en el centro, Netflix en el borde derecho y Hersheys del lado izquierdo del letrero. De pronto, una vorágine de ideas pasaron por mi cabeza y pensé: “¡Claro! Lo que Cesar intenta crear es una reestructuración de la crítica de la sociedad de consumo a través de la recolección de la basura interviniendo en objetos cotidianos que pasan desapercibidos para el espectador que da por resultado una neo-reconfiguración en la concepción del arte ¿Cómo era posible que en un primer momento  escribí de forma peyorativa sobre el trabajo de Cesar y en el siguiente párrafo, no solo reconocí su valor artístico, también elogié de sobremanera su obra? Incluso-debo confesar- pensé seriamente que Cesar Ríos era una de las 10 nuevas promesas del arte mexicano y que la revista Inverösímil no tenía nada que ofrecerle ya que nosotros carecíamos del reconocimiento nacional y que su obra tendría que estar publicada en revistas como Código o La Tempestad (las revistas fifí de arte). Pasaron varias horas hasta que caí en cuenta de mi acto de estupidez al dejarme llevar por prejuicios e ideologías de mirar el arte contemporáneo en dos aspectos:

 

1: la mirada hacia el arte contemporáneo donde el artista  no tiene ideas, conceptos, técnicas y que cualquier persona con sentido común puede realizar las “obras de arte”, por ende, no tiene algún valor artístico la obra de Cesar Ríos.

 

2: Por el contrario, debido a la obra enigmática que presentaba el artista, estaba presenciando un antes y un después en el acontecer del arte actual mexicano gracias a la multiplicidad de perspectivas que brindaba la obra, y si el espectador no entendía, era por su ignorancia y falta de herramientas interpretativas para acercarse a la obra

 

Es evidente, y aquí describo ambos puntos de manera exagerada, que ninguno de los aspectos o puntos de vista son correctos. Más bien se trata de una mirada parcial sobre una obra y que se acentúa cuando un artista nos presenta este tipo de obras, pero esto no es responsabilidad del artista ¿entonces de quién recae la responsabilidad? pienso en el espectador, en el crítico de arte, en el mercado del arte o tal vez es lo que describía en un principio, la tendencia del ser humano hacia la estupidez; parcializar y pensar que ese fragmento es toda la verdad.

 

Probablemente esté equivocado, o estoy en la verdad.

un proyecto de:
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arte&cotidianidad año2 #2. marzo-abril. estupidez.