dolor: carta a amastiqué

obra: amastiqué. texto: ariadna. 

plástica y bordado

Al principio nos creemos esas boludeces del príncipe azul que llega un día y nos conquista el corazón- a lo mejor hay unas minas que se resisten pero al final caen enamoradas- y a los pocos meses ya estamos viviendo con el che en un cuarto muy mono y la vida es perfecta desde donde lo veas. Es una ilusión maravillosa que invade todo el cuerpo cada vez que regresa el che del trabajo  y te saluda con un beso en la frente y sin embargo, como pasa en la vida, una vocecita dentro de ti, te advierte de los peligros, porque como en toda historia de amor, la vocecita quiere que abras los ojos, que los abras muy bien porque puede que no estés lista para presenciar la verdad. Pero de un tiempo, el che se comportaba muy extraño, ya no se acercaba a mí como antes, sus caricias ya no tenían el mismo cariño, sus besos, la forma de hacer el amor era distinto, no lo podía explicar muy bien, sólo sé que él estaba en otra parte, su cuerpo estaba ahí pero el che estaba en otro planeta, me preguntaba para mis adentros si ya no le parecía atractiva, si ya no era lo suficiente para él, muchas preguntas que revoloteaban en mi cabeza. Entonces la vocecita me dijo: “son una nena muy tonta, el boludo está en otro planeta con otra mina” ¿y quién carajos era esa mina? ¿porqué estaba con ella y no conmigo? Y como es costumbre, en la Argentina, en México o en cualquier parte del mundo, cuando un día lo enfrenté, me negó todo y la loca, la que se hace ideas es una ¿vos entendés en el juego del engaño que caemos? ¿te das cuenta, mujer, que no es su culpa, sino que se trata de ese amargo dolor que cedemos infinitamente? ¿por qué mantenemos esa ilusión? no sé mucho de arte pero cuando vi tu obra “huecos”, entendí que detrás de la ilusión, detrás de los príncipes azules, está ese vacío esperándonos a ser absorbidas como una canción que nunca acaba, un camino que no tiene fin y que es obscuro y no tiene olor, sabor ni forma. Después supe que el boludo si me engañaba, pero eso fue lo de menos, el daño y el hueco en mi alma estaba ahí.

 

Tiempo después entendí que por más que piensen que el dolor más grande de las nenas es el desamor, me enfrenté a otro tipo de dolor que ningún boludo podrá entender. Era yo, como se dice en México, una jovencita, empezando la carrera universitaria de artes con un futuro de esperanzas e ideales, pero las clases me eran insuficientes ¿acaso la vida está dentro de un salón de clases? el arte era para vivirla en las calles, en la joda (fiestas) .Una de tantas noches, me escapé de casa, llegué a quién sabe donde y me agarré una borrachera y me metí con dos ches que también estudiaban en la universidad pero que de artistas no tenían nada, la artista era yo así que los que debieron estar agradecidos fueron ellos porque yo en ese tiempo era una nena (lo sigo siendo) muy mona y talentosa. Lo que sucedió después es predecible y tal vez ya sepas a donde quiero llegar y me da miedo describir esa sensación, ese dolor que seguramente la RAE no ha llegado a encontrar unas palabras que definan ese dolor que siente una mujer cuando está abortando con unas pastillas que le dan en una clínica ilegal porque en la academia de literatura-como en la de artes-está compuesto por hombres y sus dolores son el poder y la eyaculación precoz, en cambio, el dolor del sangrado y la sensación de como todo tu cuerpo comienza a fragmentarse es algo que no se puede comparar con nada. Además, lo que es indescriptible, es entender que algo estuvo adentro de ti, por más que le llamen feto, células, la cabeza nos dice otra cosa, la cabeza nos dice que hubo algo vivo dentro de vos que probablemente pudo haber crecido y pudo haberte dicho mamá. Conozco a algunas nenas que han abortado y dicen no haber sentido nada ¿cómo pueden logarlo?

 

Por fortuna, con el tiempo, me volví a enamorar de un che que de repente es un pelotudo y los dos hicimos un nene que me dice mamá cuando está feliz, triste o enojado. A veces tengo tanto miedo de odiarlo por todo lo que tuve que pasar para tenerlo en mis brazos e intento explicarle a la gente mis razones y la gente sólo me contesta: “tenés que superarlo”, “sacalo de tu cabeza”. Decime, Amastiqué… ¿acaso la gente tiene un poder especial para sacarse de la cabeza los peores dolores? No hubo nada, absolutamente nada que calmara mi dolor cuando los doctores hijos de puta me hicieron la episiotomía. Pienso en tu obra una y otra vez, y esa imagen es sólo una mínima, no! no ! una milésima parte para hacerle experimentar a la gente lo que significa tener una rajada debajo de la vagina cuando tenés a tu nene en tus brazos y los dos llorando sin diferenciar cuál es el llanto de cada quién, el nene por hambre y yo por el inmenso dolor que sentía en toda la piel. Ahora, mientras escribo esta carta para vos, también le estoy bordando una playerita a mi nene que ya va a cumplir cinco años. Tiene la misma mirada que yo cuando algo le duele, y a veces no sé qué hacer, qué decir, pero me tranquiliza saber que lo va a aguantar y va a hacer un dibujo y después me lo enseñará y me dirá que le dolía y ya no le duele y que se siente bien. Los adultos somos tan testarudos que pensamos que para que algo no duela, hay que callarlo, guardarlo y olvidarlo.

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arte&cotidianidad año2 #3. mayo-junio. dolor.